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Actividad física y artritis juvenil: Rompiendo mitos

Corporación Anacroj
3 sept
2 min de lectura

Durante mucho tiempo se creyó que los niños y adolescentes con Artritis Idiopática Juvenil (AIJ) debían guardar reposo para proteger sus articulaciones. Hoy la evidencia médica demuestra todo lo contrario: el movimiento adaptado es uno de los mejores aliados para controlar la enfermedad y mejorar la calidad de vida.


Beneficios del ejercicio

Mantenerse activo no solo es seguro, sino esencial para el desarrollo. Entre sus principales ventajas destacan:

  • Protección articular: Fortalece los músculos que rodean las articulaciones, reduciendo la carga y el desgaste sobre ellas.

  • Reducción del dolor y la rigidez: Aumenta la lubricación articular y mejora la flexibilidad, especialmente útil para aliviar la rigidez matutina.

  • Salud ósea: Estimula la densidad ósea, clave durante la etapa de crecimiento.

  • Bienestar emocional: Libera endorfinas, mejora el estado de ánimo, reduce el estrés y fomenta la socialización con otros jóvenes.


Actividades recomendadas

Lo ideal es priorizar deportes de bajo impacto que no sometan a las articulaciones a estrés excesivo:

  • Natación y hidroterapia: La flotabilidad del agua reduce la presión sobre las articulaciones mientras permite mover todo el cuerpo libremente.

  • Ciclismo: Excelente para fortalecer las piernas sin impacto directo en rodillas o tobillos.

  • Caminata: Una opción accesible y de intensidad regulable según el día.

  • Yoga o Pilates adaptado: Ayudan a mantener la flexibilidad, el equilibrio y la postura sin movimientos bruscos.


Cómo adaptar las rutinas

Cada día con AIJ puede ser diferente. Para mantener la constancia sin sobreexigir el cuerpo, conviene aplicar estas pautas:

  • Escuchar al cuerpo: Es normal sentir cierto esfuerzo muscular, pero un dolor articular agudo o punzante es señal de que se debe parar.

  • Ajustar según el "brote": Durante los momentos de mayor inflamación, no es necesario suspender del todo la actividad; se puede cambiar por estiramientos suaves o ejercicios de rango de movimiento.

  • Calentamiento y enfriamiento: Dedicar siempre entre 5 y 10 minutos a calentar antes de empezar y a estirar al finalizar.

  • Uso de equipo adecuado: Utilizar calzado con buena amortiguación y, si el médico lo indica, plantillas u órtesis de soporte.


Seguridad y seguimiento profesional

Antes de iniciar cualquier disciplina o rutina de ejercicios, es fundamental contar con la orientación del equipo médico tratante:

  • Evaluación individualizada: El reumatólogo pediatra determinará qué actividades son seguras según la etapa de la enfermedad y las articulaciones comprometidas.

  • Apoyo de kinesiología / fisioterapia: Un profesional especializado puede diseñar un programa de ejercicios personalizado y enseñar la técnica correcta para evitar lesiones.

  • Trabajo en equipo: Mantener una comunicación fluida entre el paciente, la familia, los médicos y los profesores de educación física o entrenadores garantiza un entorno seguro y comprensivo.


Contenido patrocinado por Laboratorios Abbvie.

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