Actividad física y artritis juvenil: Rompiendo mitos
Durante mucho tiempo se creyó que los niños y adolescentes con Artritis Idiopática Juvenil (AIJ) debían guardar reposo para proteger sus articulaciones. Hoy la evidencia médica demuestra todo lo contrario: el movimiento adaptado es uno de los mejores aliados para controlar la enfermedad y mejorar la calidad de vida.
Beneficios del ejercicio
Mantenerse activo no solo es seguro, sino esencial para el desarrollo. Entre sus principales ventajas destacan:
Protección articular: Fortalece los músculos que rodean las articulaciones, reduciendo la carga y el desgaste sobre ellas.
Reducción del dolor y la rigidez: Aumenta la lubricación articular y mejora la flexibilidad, especialmente útil para aliviar la rigidez matutina.
Salud ósea: Estimula la densidad ósea, clave durante la etapa de crecimiento.
Bienestar emocional: Libera endorfinas, mejora el estado de ánimo, reduce el estrés y fomenta la socialización con otros jóvenes.
Actividades recomendadas
Lo ideal es priorizar deportes de bajo impacto que no sometan a las articulaciones a estrés excesivo:
Natación y hidroterapia: La flotabilidad del agua reduce la presión sobre las articulaciones mientras permite mover todo el cuerpo libremente.
Ciclismo: Excelente para fortalecer las piernas sin impacto directo en rodillas o tobillos.
Caminata: Una opción accesible y de intensidad regulable según el día.
Yoga o Pilates adaptado: Ayudan a mantener la flexibilidad, el equilibrio y la postura sin movimientos bruscos.
Cómo adaptar las rutinas
Cada día con AIJ puede ser diferente. Para mantener la constancia sin sobreexigir el cuerpo, conviene aplicar estas pautas:
Escuchar al cuerpo: Es normal sentir cierto esfuerzo muscular, pero un dolor articular agudo o punzante es señal de que se debe parar.
Ajustar según el "brote": Durante los momentos de mayor inflamación, no es necesario suspender del todo la actividad; se puede cambiar por estiramientos suaves o ejercicios de rango de movimiento.
Calentamiento y enfriamiento: Dedicar siempre entre 5 y 10 minutos a calentar antes de empezar y a estirar al finalizar.
Uso de equipo adecuado: Utilizar calzado con buena amortiguación y, si el médico lo indica, plantillas u órtesis de soporte.
Seguridad y seguimiento profesional
Antes de iniciar cualquier disciplina o rutina de ejercicios, es fundamental contar con la orientación del equipo médico tratante:
Evaluación individualizada: El reumatólogo pediatra determinará qué actividades son seguras según la etapa de la enfermedad y las articulaciones comprometidas.
Apoyo de kinesiología / fisioterapia: Un profesional especializado puede diseñar un programa de ejercicios personalizado y enseñar la técnica correcta para evitar lesiones.
Trabajo en equipo: Mantener una comunicación fluida entre el paciente, la familia, los médicos y los profesores de educación física o entrenadores garantiza un entorno seguro y comprensivo.
Contenido patrocinado por Laboratorios Abbvie.




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